¿Cómo podemos afrontar esa situación? ¿Cómo explicamos lo que esta pasando en sus diferentes edades?

Niños que empiezan a caminar y en edad preescolar (de 3 a 5 años)
Ofrezca explicaciones muy simples de lo que está pasando y repítalas con frecuencia.
Tranquilice a su hijo cuando sienta temor o se altere.
Verifique que su hijo entienda lo que está pasando.
No busque persuadir a su hijo usando la razón o la lógica.
Ofrezca opciones cuando sea posible.
No permita mordidas, golpes, puntapiés o cualquier otro comportamiento agresivo. Enseñe al niño cómo expresar sus sentimientos de forma adecuada (cosas que no lastimen al niño ni a otras personas).
Enséñele formas aceptables de manifestar sentimientos de enojo mediante hablar, dibujar o golpetear una almohada.
Fomente los juegos con muñecos y de otro tipo para ensayar o repetir las experiencias dolorosas.
Propicie oportunidades para actividades físicas.
Procure apegarse a un horario para comidas, siestas y juegos.
Enseñe al personal lo que hace que el niño coopere.
Consulte con un experto de atención infantil o trabajador social sobre cómo recompensar el buen comportamiento cuando el niño coopere con las pruebas y procedimientos médicos.
Aproveche el conocimiento de los expertos de profesionales contra el cáncer para que le ayuden a enseñar a su hijo estrategias útiles.
Dar explicaciones simples cuando presencie el llanto o tristeza de los padres. Por ejemplo: “Me siento un poquito triste y cansado(a) hoy. Cuando lloro puedo sentirme un poco mejor al sacar esto de mí y ahora me siento mejor”.
No olvide la diversión y reírse juntos cuando sea posible.

Niños en edad escolar (de 6 a 12 años)
Explique el diagnóstico y plan de tratamiento en palabras que el niño pueda entender.
Incluya al niño tanto como sea posible en las conversaciones sobre el diagnóstico y tratamiento.
Conteste con sinceridad y en un lenguaje comprensible todas sus preguntas, incluso, “¿me voy a morir?” (hable con su equipo de atención contra el cáncer sobre cómo abordar las preguntas difíciles relacionadas al cáncer).
Esté al pendiente de las preguntas que su hijo omita hacerle, y ponga atención cuando el niño hable sobre sus temores e inquietudes.
Reafirme de forma repetida que el niño no tiene culpa por la enfermedad.
Anime y ayude a sus hijos a identificar y nombrar sus sentimientos.
Enséñeles que la tristeza, el enojo y la culpa son sentimientos normales y que está bien hablar sobre ellos.
Enséñele a manejar la angustia y las emociones que siente.
Alivie la ansiedad por la ausencia escolar al compartir información con el profesor(a) y compañeros de clase de su hijo sobre lo que está pasando, y anime a su hijo a compartir esta información también.
Consuele a su hijo sobre los eventos deportivos, fiestas u otras actividades en las que no haya podido participar o presenciar.
Anímele a expresar sus sentimientos, especialmente el enojo y las formas sanas para hacerlo.
Aproveche el conocimiento de los profesionales de atención para que sugieran estrategias útiles para los padres.
Permita que su hijo mantenga sus sentimientos en privado, si así lo prefiere.
Ofrezca actividades artísticas (como escribir, dibujar, pintar, preparar cuadernos con recortes y fotos) que fomenten la expresión de los pensamientos y sentimientos. Asegúrese de que estas actividades sean divertidas y placenteras cada día.
Coordine actividades de ejercicio físico diario en caso de ser posible.
Ayude a su hijo a mantener contacto con sus hermanos, amigos y compañeros de clase mediante alternativas como tarjetas de felicitación, llamadas telefónicas, videojuegos, mensajes de texto vía celular, mensajes de correo electrónico y en redes sociales, entre otros.
Planifique junto con el equipo de profesionales y maestros la manera que permita que el niño continúe con su programa escolar, lo cual puede incluir escuchar las clases a través de enlaces telefónicos o por computadora, grabaciones o, de ser posible, con visitas de sus compañeros de clase.
Prepare el regreso de su hijo a clases cuando el equipo de profesionales calcule la fecha en que podría regresar.
Mantenga el sentido del humor para distraerlo.
Coordine para su hijo conozca a otros pacientes y pueda ver cómo han podido sobrellevar la enfermedad.

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